Esteban Alcalde1, Alicia García2
y Esther Sánchez2
1 Syngenta Seeds S.A
2 Escuela Superior de Agricultura de Barcelona
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Con los alimentos
funcionales ha llegado a nuestra cultura un nuevo concepto.
Seguro que no va a ser una moda pasajera y terminará
modificando nuestros hábitos alimentarios pero
que a pesar de la rapidez con que se ha difundido aún
no está bien entendido.
Con este artículo pretendemos hacer una breve exposición
de lo que son los alimentos funcionales y qué podemos
esperar de ellos. |
En el año 2002,
Norman Borlaug, Premio Nobel de la paz en 1970 por la llamada
"Revolución Verde", escribió un artículo
en el diario Wall Street Journal, presentando su apoyo a la
nueva declaración a favor de la necesidad de elevados
rendimientos en agricultura y silvicultura.
El objetivo de esta declaración es la producción
de alimentos suficientes para toda la humanidad, evitando que
más zonas forestales sean roturadas para uso agrícola.
El cofundador de Greenpeace, Patrick Moore; el ecólogo
y autor de la Teoría GAIA, James Lovelock; el ex-presidente
de Costa Rica y también Premio Nobel de la Paz, Oscar
Arias; el ex-senador McGovern de la ONU; el presidente del World
Conservation Trust, Eugene Lapointe y por el presidente de IFPRI
y Premio Mundial de la Alimentación de 2001, Pinstrup
Andersen; encabezan también las firmas de esta declaración
en la que se demuestra que:
- Si los rendimientos agrícolas actuales fueran los mismos
que los anteriores a la "Revolución Verde",
se habrían eliminado al menos la mitad de la superficie
forestal actual del planeta para utilizarla en la agricultura.
- Méjico pierde cada año, debido a la expansión
agrícola, 1.2 millones de hectáreas de bosque.
- Si se destruyen más espacios naturales para uso agrícola,
la valiosa diversidad salvaje se irá perdiendo paralelamente.
Por eso, para preservar de la extinción de numerosas
especies, tanto vegetales como animales; alimentar a la población
y proteger el medio ambiente, existe la necesidad de implantar
una agricultura de altos rendimientos en las tierras cultivadas
actualmente.
Perspectiva histórica
del concepto de sostenibilidad (o sustentabilidad)
Una de las mayores evoluciones agrícolas
del pasado siglo, fue sin duda la llamada "Revolución
Verde", cuyo mayor exponente es Norman Borlaug, Premio
Nobel de la Paz por su gran trabajo y las innovadoras estrategias
desarrolladas en la obtención de nuevas variedades de
trigo y cebada. La producción de nuevas variedades de
cereales, junto con el uso de fertilizantes, irrigación
y fitosanitarios, ayudó a alimentar a una creciente población
mundial, llegando a producir el doble de alimentos en los últimos
35 años.
Es cierto que la Revolución Verde no logró por
si sola la erradicación del hambre en el mundo, hecho
que seguramente depende de variables técnicas y ,en no
menor importancia, políticas. Pero cuando se la critica
diciendo que con las técnicas actuales se podría
alimentar a toda la población mundial, aparte de hacer
una afirmación discutible, en realidad se está
reconociendo la gran deuda que tenemos con la Revolución
Verde.
También es cierto que esta tecnología tampoco
era la "panacea universal" y que generaba nuevos problemas
al ser aplicada en la intensidad que la demanda creciente de
alimentos exigía. Tal y como indica un reciente artículo
de la Academia Pontificia de Ciencias: " La agricultura
como se práctica actualmente es insostenible, como indica
la gran pérdida de superficie de suelo y de tierras agrícolas,
que ha ocurrido en los últimos años, (...). Las
técnicas de modificación genética de las
plantas de cultivo pueden ser una importante contribución
en la solución de este problema común."
Si entendemos un desarrollo sostenible es el que "asegure
la satisfacción de las necesidades de las generaciones
presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras
para satisfacer las suyas propias", el objetivo de la agricultura
sostenible en una perspectiva inevitable de aumento de población
tendrá que ser el de seguir aumentando la productividad
de los suelos actuales para poder atender las necesidades crecientes
de alimentación sin que ello repercuta en el futuro de
estos y tenga el menor impacto con el medio ambiente.
¿Necesitamos una
nueva tecnología?
Se estima que la población
en el siglo XXI alcanzará los 9.000 millones de personas,
la necesidad de incrementar la producción de cereales,
para nivelar este crecimiento, será de 1 millardo de
toneladas.
La expansión del área de tierra destinada a cultivo
o a producción animal ha alcanzado un límite en
el que las mejoras en los cultivos decrecen. La necesidad de
una nueva tecnología que permita aumentar los rendimientos,
mejorar la calidad de los alimentos y reducir pérdidas
está presente, y ha de establecerse de una manera segura
pública y medioambientalmente.
No existe una solución fácil y única para
resolver este problema.
Uno de los posibles caminos utilizados en la resolución
de este problema, es el uso de cultivos genéticamente
modificados, que ofrecen la posibilidad de combinar mayores
rendimientos y mejoras en la calidad de los alimentos, con prácticas
agronómicas conservadoras del medio ambiente.
Mediante ingeniería genética
se pueden introducir en las plantas de cultivo genes que confieren
resistencia a plagas de insectos, o a enfermedades y generar
nuevas variedades más resistentes que permitan una agricultura
más respetuosa con el medio ambiente. Cuando se identifiquen
genes que reduzcan la necesidad de fertilizantes de la planta
o que le confieran mayor resistencia a un insecto perjudicial,
al calor o a la sequía, ¿qué ingeniero
agrónomo/agrícola dudará en incorporarlos
a los nuevos cultivos?
En los últimos años, el área de plantación
de cultivos genéticamente modificados se ha incrementado
de 4 a 44 millones de hectáreas. Los cultivos modificados
genéticamente encontrados en mayor proporción
son los tolerantes a herbicidas y los resistentes a insectos.
Con estos nuevos cultivos se aumenta la productividad consiguiendo
ventajas medioambientales al disminuir el número de tratamientos
fitosanitarios, así como, las prácticas de laboreo
mecánico requerido para el control de malas hierbas.
La protección contra insectos ha sido mejorada con la
introducción de genes codificadores de enterotoxinas
producidas por la especie Bacillus thuringiensis (Bt).
Efectos medioambientales de la tecnología
Bt
Los cultivos modificados genéticamente
pueden tener múltiples aplicaciones que contribuyan
a conseguir una agricultura sostenible y el análisis
de sus efectos se debe hacer caso por caso.
En este artícula dado que las únicas plantas
modificadas genéticamente que se pueden cultivar
en Europa son las plantas protegidas contra insectos (Bt),
profundizaremos únicamente en la sostenibilidad
que nos aportan estas plantas.
Las plantas transgénicas resistentes a insectos
que han sido comercializadas (patata, algodón y
maíz) expresan una toxina de origen bacteriano
con especificidad por determinados grupos de insectos. |
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La bacteria productora denominada
Bacillus thuringiensis (Bt) no es desconocida para los agricultores,
dado que preparaciones comerciales a base de toxinas y esporas
de esta bacteria se han utilizado ampliamente como un insecticida
biológico durante décadas. Las plantas transgénicas
que expresan estas proteínas, conocidas como plantas
Bt, permiten reducir los numerosos tratamientos insecticidas
usados en estos cultivos y, por tanto, paliar sus efectos negativos
sobre los insectos beneficiosos.
El maíz Bt, autoprotegido
contra el taladro
Apenas recién salido del
huevo, el taladro del maíz penetra dentro del tallo de
la planta del maíz. Hasta su transformación en
crisálida, el taladro literalmente se come toda la planta
por dentro. Sorprende que este ser tan aparentemente pequeño
pero voraz sea tan temido por los cultivadores de maíz.
Los daños que provoca el taladro son enormes: a nivel
mundial destruye el 7% de la cosecha del maíz. Son 40
millones de toneladas de maíz por año. En algunas
regiones de Norteamérica y de Europa destruye hasta un
20% de las cosechas. Hoy en día se utilizan productos
fitosanitarios para combatirlo. Sólo en Estados Unidos
por un valor de 20 a 30 millones de dólares al año.
Pero los productos fitosanitarios no tienen una eficacia ilimitada:
una vez que el taladro se ha instalado dentro del tallo, los
productos rociados ya no le hacen nada.
En España solamente existen
dos variedades transgénicas de maíz inscritas
en el Registro de Variedades Comerciales de Plantas, que son
las variedades "Compa CB" y "Jordi CB",
aunque la única que se cultiva es Compa CB. Ambas variedades
contienen la misma modificación genética que,
mediante la expresión de la toxina Bt, confiere resistencia
a las larvas de los taladros del maíz. Actualmente se
encuentran en proceso de inscripción en el Registro de
Variedades Comerciales español variedades transgénicas
que contienen modificaciones genéticas ya aprobadas por
la Unión Europea, como son: el Maíz (Bt-176) y
el Maíz (Bt-MON/810) ambos resistentes a los taladros.
El taladro del maíz europeo, en gran parte sin control
hasta la introducción de las variedades de maíz
Bt, ha causado grandes pérdidas en la producción.
Estas pérdidas varían cada año conforme
a los niveles de infestación, entre 0.75 y 7.5 millones
de toneladas de grano por año en USA, y generalmente
son impredecibles de un año al otro. En España
las pérdidas producidas por el taladro se estiman en
alredor de un 7% de media, alcanzando en las zonas más
afectadas hasta el 25% de la producción La experiencia
tras cinco años de cultivo de maíz Bt ha sido
la de que estas variedades de maíz Bt proveen un alto
nivel de protección contra el taladro.
Las ventajas medioambientales que proporciona el maíz
Bt no es sólo la de proteger el cultivo sin afectar a
otros insectos no objetivo, como ha quedado demostrado fehacientemente
tras la polémica de las mariposas monarcas, sino la de
mediante el cultivo de plantas que se mantienen sanas sin el
ataque de insectos, la obtención de cosechas de grano
de mayor calidad. El área de maíz resistente al
taladro es de 6.8 millones de ha (datos del 2000), y permanece
en continuo crecimiento.
El Algodón
Bt.
El beneficio primario para los agricultores que adoptan las
variedades de algodón Bt es controlar las pestes de insectos
que han desarrollado resistencia a los insecticidas utilizados
comúnmente, además de reducir la cantidad y los
costes de tratamientos con insecticidas.
Las variedades de algodón Bt protegen frente a las plagas
más importantes del algodón, las oruga de los
géneros Helicoverpa (heliotis), Earias (earias) y Pectinophora
(gusano rosado) que destruyen botones y flores o atacan a las
cápsulas antes de que estas terminen la producción
de fibra. La larva del gusano rosado, por ejemplo, es muy difícil
de combatir, ya que desde que emerge del huevo hasta que penetra
en el órgano fructífero transcurren solo horas
y, una vez dentro, los insecticidas actuales no son capaces
de actuar (Alvarado et al, 1997). La pérdida de las primeras
cápsulas o las galerías durante su desarrollo
reducen sustancialmente la cantidad y calidad de la fibra. Los
agricultores que adoptan variedades de algodón Bt han
logrado un control de insectos eficaz en las tres pestes seleccionadas
con una cantidad reducida de aplicaciones de fitosanitarios.
En el 2000, el área de cultivo de las variedades Bt de
algodón es de 3.2 millones de ha, encontrándose
en USA, China, México, Australia, Argentina y Sur África.
China es la mayor productora de algodón, paralelamente
una gran consumidora de fitosanitarios. En el estudio realizado
por Huang et al (2001), sobre el efecto de la biotecnología
en el uso de estos en el cultivo del algodón en China,
se demostró una reducción en su empleo de 55 a
16 kg de producto formulado por ha, y una disminución
en el número de aplicaciones de 20 a 7.
En India, con 9 millones de ha de algodón, acaba de aprobarse
la comercialización del algodón Bt, esperándose
unos resultados similares a los de China.
CONCLUSIONES
La obtención de alimentos en cantidad y calidad óptima
y minimizando el impacto ambiental, en definitiva conseguir
una agricultura sostenible es un objetivo necesario donde la
inteligencia humana tiene que emplearse a fondo. Cuando las
tecnologías del siglo pasado empiezan a dar síntomas
de agotamiento ha aparecido una gran esperanza para resolver
este problema gracias a la biotecnología. Las plantas
modificadas genéticamente pueden contribuir de una forma
muy importante a la sostenibilidad de la agricultura. En el
caso de los cultivos Bt se ha comprobado que permiten una mayor
producción de alimentos y de mayor calidad a la vez que
permiten un uso más eficiente de los fitosanitarios.
Sin duda no serán la única opción, pero
es sorprendente que muchos de los aspectos positivos de la introducción
de los cultivos genéticamente modificados, se ignoren.
No es razonable renunciar a la aplicación de la biotecnología
en la agricultura por miedo a campañas mediáticas
Figura
1
Figura
2
Figura
3
Bibliografía.-
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J.L., Mateos, J. y Torrent, P. 1997. TRIANA algodón.
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Encontrado en http: //agriculture.tusk.edu/biotech/monfort2.html.
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- Syngenta Seeds, 1997 El maíz sigue siendo maíz,
¿Por qué necesitamos la tecnología genética?
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- Sociedad Española de Biotecnología, 2000. La
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- Sociedad Española de Biotecnología, 2000. Plantas
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en pocas palabras I)
Links de interés.
- http://www.irri.org
- http://agbioworld.org (referencia al artículo de la
Academia Pontificia de Ciencias) |