3.3. La salud
humana y animal
3.3.1 La evaluación
de los posibles riesgos de toxicidad
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El
largo historial de utilización de insecticidas
a base de Bacillus thuringiensis sin ninguna aparición
de toxicidad ya es una garantía de su seguridad
de empleo.
De todas formas se han llevado a cabo estudios para
medir su nivel de toxicidad oral aguda en mamíferos
sin que se halla encontrado ninguna.
Los datos de toxicidad aguda demuestran que: |
No hay toxicidad para un ser
humano de 60 Kg que ingiriese la dosis de proteína
presente en 40 toneladas de grano.
No existe toxicidad para una
vaca que ingiriese la dosis de proteína presente en
1.500 Kg de maíz en verde.
Igualmente se han realizado
análisis de toxicidad aguda en aves, peces e invertebrados
acuícolas no encontrándose ningún indicio
de toxicidad.
3.3.2 La evaluación
de los posibles riesgos de alergias.
Dado que este se ha convertido en uno
de los temas de mayor polémica a continuación
se va a tratar con más profundidad los elementos de
análisis de este posible riesgo.
Las alergias alimentarias están
muy extendidas:
Sólo en Alemania, del 2 al 5% de
los niños y aproximadamente el 2% de los adultos, acusan
alguna clase de alergia alimentaria. Además, - tal
y como apuntaban unos científicos con ocasión
de un simposio sobre "Las alergias e intolerancias alimenticias",
celebrado en Bonn en mayo de 1995 - la incidencia de la alergia
al polen y a ciertas frutas y verduras es aún más
elevada. Por ejemplo, muchas personas que desarrollan síntomas
de fiebre del heno al estar expuestas al polen de abedul,
tienen también una reacción alérgica
a las manzanas.
3.3.2.1 ¿Cuál
es la causa de las alergias alimentarias?
Las proteínas provocan las alergias:
La alergia es una afección del
sistema inmunológico. La provoca la presencia de un
alérgeno, una sustancia extraña al cuerpo, pero
normalmente inocua. Los alérgenos son proteínas
que producen en el sistema de defensas del cuerpo una respuesta
inmunológica excesiva. Los alimentos contienen un gran
número de proteínas, pero sólo unas pocas
provocan alergias. La reacción a las proteínas
de los alimentos como la leche de vaca, la clara de huevo,
los frutos secos, las especias, las verduras, los cereales
y las frutas, es la más frecuente entre las personas
de la región central de Europa que padecen alergias.
Las personas con alergias pueden sufrir síntomas de
irritación de la garganta o erupciones cutáneas;
en algunos casos aislados, puede producirse una condición
de extrema gravedad, llamada shock anafiláctico.
3.3.2.2 ¿Constituyen
las plantas transgénicas un riesgo de generación
de alergias?
Los genes contienen instrucciones para la síntesis
de proteínas. Como consecuencia de la ingeniería
genética, nuestros alimentos pueden contener nuevas
proteínas:
Se expresa a menudo la preocupación
de que pueda aumentarse la incidencia de las alergias alimentarias,
en el caso de que los alimentos obtenidos de plantas modificadas
genéticamente (transgénicas) formen parte de
nuestra dieta. Las plantas transgénicas contienen genes
adicionales, procedentes de otra planta o de un animal. Cada
gen aporta la información necesaria para sintetizar
una proteína. Existe el miedo a que las nuevas proteínas
de las plantas transgénicas puedan provocar nuevas
alergias.
Otra preocupación se centra en los genes extraídos
de organismos con los cuales los seres humanos no han tenido
casi ningún contacto anterior, por ejemplo, en el caso
de la transferencia a las plantas de genes procedentes de
bacterias que viven a niveles profundos del subsuelo. Se argumenta
que las proteínas extrañas - cuyas instrucciones
de síntesis se transfieren con los genes - resultarían
desconocidas para el sistema inmunológico y, como consecuencia,
provocarían una reacción "excesiva".
A las personas
que padecen alergias, también les preocupa
la posibilidad de otros riesgos para su salud, además
de su hipersensibilidad ya existente, en el caso de
que se transfieran a las plantas genes de otras especies.
Un ejemplo que se cita con frecuencia es el de un
gen de pez incorporado a un tomate.
Si una persona con alergia al pescado comiera este
tomate transgénico, probablemente sufriría
- según argumentan los críticos - una
reacción alérgica inesperada. |
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3.3.2.3 La seguridad,
garantizada por directrices internacionales
Los productos modificados genéticamente se someten
a pruebas. Si se detecta algún riesgo inherente, el
producto no puede comercializarse:
En los últimos años, distintas organizaciones
han desarrollado directrices para probar cada planta transgénica
nueva, para eliminar las que podrían provocar nuevas
alergias. Han colaborado en el desarrollo de estas normas,
entidades como la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE). Las directrices cuentan
con el reconocimiento internacional y las cumplen quienes
desarrollan plantas transgénicas.
Siguiendo estas directrices,
se puede determinar durante la fase experimental si una nueva
proteína producida por una planta transgénica
podría provocar alergia - tal y como resulta del ejemplo
de una compañía norteamericana que produce semillas
de soja para piensos: "Los científicos habían
introducido en la soja un gen procedente de la nuez del Brasil,
para que produjera un aminoácido concreto y de esta
manera aumentar el valor proteico de la soja para piensos.
No obstante, algunas personas son alérgicas a la nuez
del Brasil. Por tanto, existía el peligro de que se
reprodujera en la soja el potencial alergénico de la
nuez del Brasil con la introducción del nuevo gen.
Las pruebas que imponen las directrices son especialmente
estrictas en el caso de los genes procedentes de organismos
cuyo potencial alergénico ya se conoce. Por ello, los
científicos expusieron muestras de sangre de personas
que experimentan una reacción alérgica al comer
nuez del Brasil, a un extracto de la soja transgénica.
La prueba dio resultados positivos: la sangre de los alérgicos
reaccionó al nuevo aminoácido de la soja. La
conclusión: el consumo de la soja transgénica
provocaría una respuesta alérgica a las personas
con esta sensibilidad. Como consecuencia, la compañía
tomó la decisión de no comercializar esta soja
transgénica".
Aunque las pruebas de sangre
hubiesen dado un resultado negativo, es decir aunque no se
hubiera detectado ninguna reacción alérgica,
los científicos habrían realizado pruebas suplementarias
para determinar exactamente el potencial alergénico
de dicha soja transgénica. Las pruebas cutáneas,
por ejemplo, pueden detectar si una persona alérgica
tiene una reacción de sensibilidad al extracto de una
planta genéticamente modificada. Si la prueba cutánea
no produce ninguna reacción, se comprueba la seguridad
del alimento a través del consumo experimental del
alimento genéticamente modificado por voluntarios.
Al tratarse de la introducción en una planta de un
gen procedente de un organismo que no provoque reacciones
alérgicas conocidas, los científicos deben proceder
de otra forma. En este caso, investigan las propiedades de
la nueva proteína sintetizada por la planta. Contrastan
las características de esta proteína con todos
los alérgenos conocidos.
Los investigadores han demostrado
que no existen miles de alérgenos distintos. Las proteínas
que provocan reacciones alérgicas se parecen en gran
medida las unas a las otras, aunque procedan de organismos
diferentes. Los alérgenos presentes en el polen de
abedul y en las manzanas, por ejemplo, son similares: las
personas que tienen una reacción alérgica al
polen de abedul pueden presentar síntomas parecidos
al comer una manzana.
El potencial alergénico
de una proteína resulta, entre otros factores, de la
secuencia o configuración de sus aminoácidos.
Por tanto, los científicos contrastan la configuración
de los aminoácidos de las nuevas proteínas de
las plantas transgénicas, con la configuración
de los aminoácidos de los alérgenos conocidos.
De esta forma, pueden detectar la presencia en la nueva proteína
de una zona "inmunogénica", una pequeña
sección de la molécula que provocaría
la reacción excesiva del sistema inmunológico
humano.
3.3.3 La presencia en las plantas de genes de bacterias -
¿una amenaza para nuestra salud?
El debate sobre la presencia de genes
marcadores de resistencia a antibióticos también
es uno de los principales puntos de controversia. A continuación
se exponen con detenimiento puntos para el análisis
de esta situación.
Los antibióticos ya no
sirven para combatir las bacterias que han desarrollado la
resistencia:
Algunas personas se preocupan por
la posibilidad de que los genes de la resistencia a los antibióticos
pudieran pasar de una planta transgénica a las bacterias
que provocan enfermedades, donde podrían activarse
y producir una enzima que las protegiera contra los antibióticos.
Es indudable que este tipo de transferencia genética
tendría unas consecuencias indeseables,
puesto que las bacterias resistentes ya no podrían
combatirse con este antibiótico concreto. Puesto que
las bacterias tienen de forma natural la capacidad de intercambiar
sus genes, existe asimismo preocupación por la posibilidad
de que esta resistencia pudiera generalizarse rápidamente
entre distintos microbios. Se teme que los antibióticos
- un arma muy potente en la lucha contra las enfermedades
infecciosas humanas - puedan perder su eficacia.
La situación es muy
distinta, en lo referente a las plantas transgénicas
portadoras de un gen de resistencia a los antibióticos.
Es cierto que las plantas genéticamente modificadas
entran en contacto con bacterias en el suelo, alrededor de
sus raíces, por ejemplo, o cuando se labra un campo
cultivado después de la cosecha. No obstante, hasta
la fecha no se ha detectado ni un solo caso de una planta
que haya "traspasado" sus genes a las bacterias
que viven en el suelo. La situación es la misma en
cuanto al posible contacto entre los genes de resistencia
que consumimos en la comida y las bacterias que viven en los
intestinos. La transferencia no puede descartarse como posibilidad
teórica, pero no se ha logrado nunca en el laboratorio
y debe calificarse de muy poco probable.
Aunque se produjera esta
transferencia improbable, y las bacterias del suelo o de los
intestinos adquirieran de esta forma resistencia a los antibióticos,
esta transferencia no supone ningún peligro significativo.
Muchas bacterias naturales tienen una resistencia inherente
a ciertos antibióticos, entre ellos la ampicilina.
De hecho, existe un equilibrio natural entre los organismos
que producen antibióticos y las bacterias resistentes
a los mismos. Aquéllos producen los antibióticos
para defenderse contra las bacterias, y las bacterias, a su
vez, se defienden mediante la mutación genética
hasta que los antibióticos ya no les representen ningún
inconveniente. Los humanos entramos en contacto constantemente
con estas bacterias resistentes, por ejemplo, al comer verduras
crudas o ensaladas. Ingerimos millones de estas bacterias
cuando comemos, y con ellas sus genes de resistencia a los
antibióticos.
¿Qué les pasa a estos genes en el cuerpo
humano?
Los alimentos se descomponen
en el estómago y los intestinos por la acción
de los ácidos gástricos y un gran número
de enzimas. Quedan digeridos. Ocurre lo mismo con los genes
de la resistencia.
3.3.3.1 El riesgo, evaluado por científicos independientes
A efectos prácticos, puede descartarse la posibilidad
de que los genes marcadores puedan comunicar a los patógenos
la resistencia a los antibióticos:
¿Cuáles son los peligros
que podría acarrear el maíz genéticamente
mejorado y portador de genes de resistencia a los antibióticos?
Este fue el tema central
que se debatió en una conferencia celebrada en el otoño
de 1996. Científicos procedentes de distintos países
se reunieron con representantes de la Organización
Mundial de la Salud y la Organización de Alimentación
y Agricultura de las Naciones Unidas en Talloires, en Francia,
para recopilar y evaluar los datos disponibles. Convocaron
esta reunión de expertos la Tufts University, de EE.UU.
y su instituto afiliado, la Health Promotion Foundation, de
Boston, Massachusetts. Estos expertos científicos independientes
llegaron a una conclusión unánime: el riesgo
de que este gen marcador especial provoque en los humanos
o los animales la resistencia a los antibióticos es
insignificante, o más bien inexistente. El Centro de
Seguridad Biológica - la organización consultiva
del Instituto Robert Koch, en Berlín, para la autorización
de los organismos genéticamente modificados - opina
asimismo que no se asocia ningún riesgo significativo
con el gen de la resistencia a la ampicilina.
3.3.3.2 Avances
en la investigación - Los genes marcadores pueden eliminarse
Continúa en la actualidad el empleo
de los genes marcadores de resistencia a los antibióticos
en las plantas genéticamente modificadas para cultivos
comerciales, aunque estos genes quedan desactivados. Mientras
tanto, se mejoran constantemente los métodos científicos.
Los avances más recientes, por ejemplo, permiten la
eliminación de los genes de resistencia a los antibióticos,
una vez éstos hayan cumplido su función de gen
marcador. Como consecuencia, la preocupación ante los
efectos de los genes marcadores en las plantas genéticamente
modificadas deberá perder, de forma progresiva, cualquier
importancia. |